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Liliana Heer Instantáneas Dibujos ©2003 |
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El entrevero * El demonio frecuenta con gusto errático lugares áridos y en los parajes solitarios se inflama el espíritu asesino. Lujuria. Su pobre mirada se parece al arrebato que vemos en los ojos de algunos perros cuando reciben palos. * La incomodidad prima entre líneas. * Naturaleza trágica hundida en el reír sin fin. Pasan y pasan: un gigante tatuado, un joven con el pelo blanco, una sílfide, dos mellizas vestidas de coral. Algo ocurre entre ellos, un intercambio de miradas dibuja flechas. En un instante, todas las combinaciones se agotan. * Nuestro planeta conserva una temperatura promedio de estupidez, tiranía, intemperancia. Hay protagonistas más ignorantes que un jamón. La atmósfera es opresiva. Reina catástrofe en estado bruto. Seguir la lección: convertir en cuerda floja el suelo que pisamos. * La mente, gran nube flotante separada por viejas amistades, agita balbuceos ante un público vestido de banderas. Una fragata de guerra muerde con viejos dientes el sentido común de la fealdad. * Blasfemia, el antiguo amante fecundo en caricias y traiciones espera el manjar aceitunado del nuevo Far West. Intuye fuerzas con espesor de apocalipsis, alarmas, roedores. Descansa bajo la equivocada juventud de un dios menor. * Cuando vengo de lejos, la ciudad simula entrar al paisaje. * Agitación, voluntad de máquinas arrastrando al delito: un encanto por venir. * Música del brazo con el antebrazo, un pie cae, una pierna se dobla, los dedos parecen olvidarse de la mano mientras un enfermero enyesa la camilla. Mejor perder la guardia. * Habrá que buscar un inspector de adjetivos, cierta cautela en la anécdota, otro barítono para la voz cantante. Cada cual el mejor elixir. * Hermano del crimen, ¿vas a vender gato por liebre o tu muela solitaria abrirá asilo al almanaque? * Coquetería, veneno: blancas rosas hieren el aire, fuera de cualquier vulgaridad cavan modismos. * Como el recuerdo de otro cuerpo, con la escena sucede algo similar al terraplén: ni fieles ni sensibles, los espectadores parpadean una tibia euforia de glorieta en flor. * Alambres de sospecha. Para calmar la furia, noche por medio me acuesto en diagonal. * Somos desleales cada tanto. No siempre tenemos principios, a veces sólo nervios. Nuestras cenizas flotan en tazas de té. * Lo que sigue, más que con el ojo tiene que ver con la sortija. |