Liliana Heer
El entrevero

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©2003
Liliana Heer

 

 

 

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El entrevero
Por Liliana Heer

 

*
El demonio frecuenta con gusto errático
lugares áridos
y en los parajes solitarios
se inflama el espíritu asesino.
Lujuria.
Su pobre mirada se parece al arrebato
que vemos en los ojos de algunos perros
cuando reciben palos.



*
La incomodidad prima entre líneas.



*
Naturaleza trágica
hundida en el reír sin fin.
Pasan y pasan:
un gigante tatuado, un joven
con el pelo blanco, una sílfide,
dos mellizas vestidas de coral.
Algo ocurre entre ellos,
un intercambio
de miradas dibuja flechas.
En un instante,
todas las combinaciones se agotan.



*
Nuestro planeta
conserva una temperatura promedio
de estupidez, tiranía, intemperancia.
Hay protagonistas
más ignorantes que un jamón.
La atmósfera es opresiva.
Reina catástrofe en estado bruto.
Seguir la lección: convertir en cuerda floja
el suelo que pisamos.



*
La mente,
gran nube flotante
separada por viejas amistades,
agita balbuceos
ante un público vestido de banderas.
Una fragata de guerra
muerde con viejos dientes
el sentido común de la fealdad.



*
Blasfemia, el antiguo amante fecundo
en caricias y traiciones espera el manjar
aceitunado del nuevo Far West.
Intuye fuerzas con espesor de apocalipsis,
alarmas, roedores.
Descansa bajo la equivocada juventud
de un dios menor.



*
Cuando vengo de lejos, la ciudad simula
entrar al paisaje.



*
Agitación, voluntad de máquinas
arrastrando al delito: un encanto por venir.



*
Música del brazo con el antebrazo,
un pie cae, una pierna se dobla,
los dedos parecen olvidarse de la mano
mientras un enfermero enyesa la camilla.
Mejor perder la guardia.



*
Habrá que buscar un inspector de adjetivos,
cierta cautela en la anécdota,
otro barítono para la voz cantante.
Cada cual el mejor elixir.



*
Hermano del crimen,
¿vas a vender gato por liebre
o tu muela solitaria
abrirá asilo al almanaque?



*
Coquetería, veneno: blancas rosas
hieren el aire,
fuera de cualquier vulgaridad
cavan modismos.



*
Como el recuerdo de otro cuerpo,
con la escena
sucede algo similar al terraplén:
ni fieles ni sensibles,
los espectadores parpadean una tibia euforia
de glorieta en flor.



*
Alambres de sospecha.
Para calmar la furia,
noche por medio me acuesto en diagonal.



*
Somos desleales cada tanto.
No siempre tenemos principios,
a veces sólo nervios.
Nuestras cenizas flotan en tazas de té.



*
Lo que sigue,
más que con el ojo
tiene que ver con la sortija.