Liliana Heer
amor aleja

Reseñas



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©2003
Liliana Heer

Cruces Virtuales

Por Nelly Pretel


Ebrio equilibrio es un convite al despojo.
Liliana Heer nos ofrece un "picadero en la memoria", espacio donde la palabra no adorna, serrucha burbujas. Su escritura se despliega con improntas de escalpelo, corta para ver qué hay debajo dando relieve a la "espinosa vocación" de estar vivos. La propuesta poética se despliega como una arquitectura del desasosiego, la voz narrativa no se limita a contemplar, interviene con precisión de cirujano y urgencia de náufrago. 

El texto funciona como un flujo de conciencia que se define bajo tríada "buceo, lógica, flow". Desde el epígrafe de Felisberto Hernández, se advierte que el despertar es hijo del cansancio y en ese agotamiento existencial surge una voz outsider que renuncia a los zancos de métrica clásica y avanza sobre zancadillas de la experiencia cotidiana. El equilibrio no es un estado de paz sino una destreza de funámbulo. Las voces oscilan entre hedonismo y urgencia de hervir jeringas. Se trata de una poética de precisión en el caos: avanza por descarte, sepulta lirismos, da lugar a la verdadera vibración de la trompeta. 
Heer construye una "máquina de nudos", desafía cualquier intento de lectura lineal, nos recuerda que el yo es apenas un personaje que pedalea una limusina, mientras el verbo incansablemente colorea asombros.

La relevancia de este poemario es su capacidad de capturar la zozobra contemporánea, sin caer en sentimentalismos. Heer propone un tránsito por la paradoja y el vacío, conecta con un lector que habita ciudades vitradas y lidia con la "vergüenza ajena" o el "empecinado afán redentor". En el libro se reconoce que la comunicación humana suele fallar, la escucha de los interlocutores al mezquinar originalidad, apela a piezas de museo generando malestar, irritación, pérdida de compostura. 
Ebrio equilibrio es un pasaporte para sobornar intervalos de existencia, un registro entre cielo y cieno como lo expresa el siguiente poema:” inmune a cerebros fantoche/ puedo digerir astillas/ recordando sorderas ilustres”.                                                                    Al concluir, el lector encontrará la afirmación de que la vida excita fantasías en plural, una aventura guiada a menear certezas. El viaje comienza con un "tal vez" y termina en un mañana que quizás no llegue y está siendo escrito.