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Liliana Heer ©2003 |
Jornadas Tununa Mercado/Noé Jitrik 8 y 9 de noviembre de 2023 Puesta en escena -Mi idea es hacer conversar algunos textos de Tununa y Noé, adorables amigos y grandes escritores. La conversación tenía importancia multicolor para Noé. En Lógica en riesgo, describe modalidades de intercambio que, por apartarse de lo fáctico, hacen surgir un resplandor equivalente a la poética. Por esa razón, leeré algunos fragmentos de varios libros y Tununa le sumará contexto: detalles acerca de la creación, anécdotas, entusiasmos. Este intento de actualizar recuerdos tiene por foco cuatro temas: comienzos, voces, escribir y estilos de contar la historia. I Comienzos Desde los fondos del jardín hacia las barrancas se extendía lo desconocido, “el campo”, más allá de las pocas casas que determinaban la frontera de urbanización, y su límite se definía con un trazo, apenas una línea marrón entre la tierra y el cielo. En ese reborde de barranca se formaban unas espesas polvaredas en los días de viento y se descargaban sobre las cabezas de las personas y animales, techos y árboles, deslizando, prepotentes, su materia blanca y harinosa en las habitaciones. Yo había vivido allá (en Córdoba capital) por el 42, en el estadio liminar de mi vida. Los pasos de mis padres cuando entramos por primera vez en esa casa, mucho antes de que pudiera tener conciencia del cielo y de la tierra en el horizonte. Todo es blanco y mis ojos buscan detrás de cada puerta, en el vértice último, algo que pudiera haber sido dejado por alguien, un objeto, una presencia. (1) L.H. -Como en el comienzo de un film, Tununa abre el relato con un plano secuencia: establishing shot seguido por un largo traveling. Sus palabras se convierten en imágenes, sentimos la textura, los colores, las vidas en una síntesis de potencia objetivista. Exterior-interior. Al entrar a su nueva casa, ella presentifica ese instante. Como escribiera Freud acerca del término heimlich: algo secreto, oculto, impenetrable y a la vez familiar, íntimo, amable. T.M. -Sentada en el jardín, yo imaginaba lo que ocurría en el afuera. Antes había vivido en Córdoba, el ruido de la calle, un tumulto constante se contrarrestaba con ese vacío. Recuerdo soñar encontrando mis propios juguetes, también otros. Tenía sensación de pérdida y de encuentro porque en el jardín empecé a pintar. De la pintura a las palabras transcurrieron varios años. Sí, ese comienzo de La madriguera es paradigmático, seguí pintando siempre, aunque el lenguaje ganara la partida. Los grados de la escritura – Noé Jitrik Si algo caracteriza un comienzo, todos los comienzos, es la dificultad. Es difícil empezar, sobre todo porque “al principio era el Verbo”, o, en otro paradigma, opuesto pero acaso respondiendo a una misma perplejidad, el Big Bang, lo cual, uniendo las dos expresiones, quiere “decir” en nuestra cultura, en la que tan sólo la idea o el sentimiento de que hay una “preparación”, es capaz de dialectizar la imagen de un estallido sin causa, y disponerse, en terrenos menores, como espacio de la responsabilidad. (2) T.M. Esta reflexión de Noé sobre los comienzos no coincide con lo que le ocurría. Noé daba la sensación de tener siempre los recursos para desarrollar cualquier tema que le interesara. Para él, escribir era natural, espontáneo, también era natural compartir lo que pensaba, compartir la previa -se diría hoy. II Voces Cuando ella oía su voz algo cambiaba en su vida. Opaca, convincente, la dejaba entrar en su cuerpo y allí la recogía, en una especie de reserva interior que podía o creía poder almacenar para épocas de carencia. La voz se hacía lugar en las concavidades y se sumaba a las otras imágenes que el amor solía convocar en un ejercicio sin fin y cuyos efectos no siempre eran de placer sino que iban del placer al dolor, alternadamente… Era como arrojarse a los abismos, aunque esa idea del abismo nunca había llegado a convencerla porque suponía una caída sin retorno y una suerte de fe en la gravedad mientras que ella prefería creer que lo que le pasaba era más un estado de vuelo (o de flotación) … cuyo abismo, ciertamente no tenía por qué no estar, pero que resaltaba el estado de suspensión en el aire o el agua y sólo insinuaba el vértigo del fondo, cuando la atracción antecedía a la caída. (3) L.H. -Ritmo virtuoso, anhelante, intenso. El encuentro esperado convoca una y otra vez la ceremonia de un exceso, no por sabido menos ignorado -con audible tono del divino Marqués. Apenas audible, porque las voces giran entre lo visto y lo oído, la imagen y la representación. Tununa escribe la cadencia del deseo, no necesita de la comparación, va a eludirla afirmando: “La palabra es cuerpo en la escritura”. T.M. -Si se insiste, si la paciencia no se agota, el horizonte que aparece como a través de un velo o una celosía, tendrá la cercanía más próxima imaginable, la de la letra, entre el renglón y la mirada, quizá mucho más acá, dentro de la pupila, en la yema del mismo dedo tabulador, en el plexo que recoge, con la ansiedad del enamorado, la palabra de la amada. El callejón “No sé qué tiene tu voz que fascina” – Noé Jitrik El punto preciso en el que una voz nos llega y se incrusta en nosotros no tiene una ubicación muy clara. ¿Dónde se incrusta? Llega, desde luego, por el oído pero luego ¿se sitúa en el plexo solar, en el que con frecuencia golpean los sonidos? ¿O en la mitológica glándula pineal? El hecho es que una voz nos atraviesa y nos llega, se incrusta en nosotros y, por añadidura, nos significa al llegarnos. (4) L.H. -El itinerario de la voz, tan lúcidamente expuesto en este fragmento de El Callejón, tiene puntos de contacto con el concepto revolucionario de Noé: “el lector no existe”. Él convenía en que era una expresión a contracorriente, algo escandalosa; -esto lo conversamos largamente-un aserto formulado en contra de la operación crítica que menciona al lector como si fuera una categoría objetiva, absolutamente mensurable. “El lector es cuando lee, mientras lee” -decía Noé. Incluso sostuvo esta afirmación en varias entrevistas. “Es el libro el que crea al lector, el lector no es anterior. Darle una existencia tiene una ubicación perversa, porque supone toda una red típicamente comercial en relación con el libro”. Este es el vértice que pretendo destacar en relación a la voz, adhiriendo, por supuesto a la resonancia que ciertos libros dejan. L.H. -Volviendo a los fragmentos escogidos de Canon de Alcoba y El Callejón, me atrevería a señalar: mientras Tununa ficcionaliza el efecto de una voz narrando el instante repetido de un encuentro amoroso, el recorrido emocional, inconfundible y lo equipara a la escritura, Noé demuestra el impacto de la voz en un nosotros, los ecos, a semejanza de la lectura. III Escribir D.P. -¿Qué es para vos escribir? L.H. -Como es observable, la posición ética es parte de la respuesta de Noé; no además, sino la fuerza de un propósito: incidir abierta o sesgadamente en lo real. Tununa, rebela una posición ética equivalente, describe el feroz poder de lo real en momentos personalmente cumbres, como leemos en el siguiente texto: Narrar después “Alumbramientos” -Tununa Mercado Llevar a término un embarazo es disponerse a recibir señales que lo anuncian de manera insoslayable. Por estadística se presume que ese entrañable trabajo suele suceder en la oscuridad. La noche en que yo empezaba a trabajar era la del 15 de julio de 1966, en Buenos Aires. Durante el día la radio había estado transmitiendo comunicados militares y el eco de las marchas se había multiplicado en otras radios del edificio. La luz entraba cuando apagué la radio: iba a dar a luz con fondo de marchas militares. Cuatro años antes el telón de mi anterior “alumbramiento” había sido el fragor de azules y colorados, esa vez escuchado en Córdoba, mientras amamantaba a mi hijo en medio de la noche. Así era entonces el fondo: de botas y bastones, y a mí no se me hubiera ocurrido interrumpir por parto la realidad que venía de la información… Así estábamos educados: qué se sabe, qué novedades hay, quiénes están detrás, eran preguntas de rutina para iniciar o concluir el día. (6) IV Contar la historia Por las calles de Córdoba se pasea el general Menéndez, esta frase en el relato de alguien que regresaba de la Argentina produjo en mí una fuerte conmoción que me encegueció y ensordeció: por primera vez en años de exilio sentí que me envolvía, desde muy lejos, aun desde que me fui de Córdoba en los sesenta…. El relator había agregado: Y sin guaruras, término que designa en México a los guardaespaldas. El general Menéndez se pasea por las calles de Córdoba, y sin guaruras, decía todo. ¿Cómo podía pasearse el general Menéndez por las calles de Córdoba cuando ya se había votado y la condena a los militares corría sin trabas por todo el país? (7) Limbo - Noé Jitrik Por primera vez desde que llegó al avión, mira a su alrededor. A su lado, hay un hombre cuya extrema corrección la asusta: todo es impecable y recortado en él, desde el pelo y los bigotes hasta la caída de la corbata sobre la camisa de algodón transparente, por añadidura, se lo ve bronceado por el sol, sin duda se concedió vacaciones en el Caribe o en el pacífico antes de emprender el regreso a la Argentina: ¿habrá venido a México, precisamente, de vacaciones, y ahora, cumplidas, vuelve? Elisa se inquieta; ¿qué clase de regreso puede ser el de este hombre? El hombre mira hacia adelante, quizá lee una revista, de modo que lo puede observar con más atención: debe tener alrededor de cuarenta y cinco años y su cara es ancha… Algo emana de esa persona, indefinible; de pronto, el hombre apoya la cabeza con mucho cuidado en la ventanilla ovoidal del avión, su movimiento es conveniente, disimular lo físico, tiene algo de estudiado. ¿En qué escuela lo estudió, en qué escuela que no es mi escuela? Se dice Elisa. Súbitamente, al relacionar la palabra “escuela” con la frase “extrema corrección”, algo se le aclara y la ilumina al mismo tiempo que la estremece: en la escuela militar”. (8) Estos dos episodios narrados por Tununa y Noé ilustran vivencias relacionadas con el saber del exilio: la memoria. “de los deberes del exilio: Agradezco especialmente a Roberto Ferro, Silvana López y Denise Pascuzzo por la sabia convocatoria a estas Jornadas. Mi ilusión, al participar fue a transmitir la plenitud de esta experiencia. En pocas palabras: leer y releer a Tununa Mercado y a Noé Jitrik ha sido un acontecimiento inolvidable. (1) Tununa Mercado La madriguera. Tusquets Editores, 1996-Pag.9
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